viernes, 20 de noviembre de 2015

La política de competencia, crecimiento y globalización Pablo Martín Urbano y Juan Ignacio Sánchez Gutiérrez Departamento de Estructura Económica y Economía del Desarrollo Universidad Autónoma de Madrid


  1. Política de competencia y crecimiento económico La persecución individual del beneficio es el motor del crecimiento económico, pero es posible que en la búsqueda de ese beneficio propio no se alcance un equilibrio competitivo y que algunos agentes logren una posición de poder en el mercado. Ello puede distorsionar el libre juego de las fuerzas del mercado, por lo que es necesario una política de competencia que garantice el orden competitivo, es decir, que la competencia no sea falseada.

     En este sentido, la política de la competencia, al garantizar el respeto de las reglas de juego competitivo, limita ciertamente las posibilidades estratégicas de las empresas, en la medida que les prohíbe llevar a cabo ciertos comportamientos. No obstante, también es permite actuar en un entorno caracterizado por la seguridad jurídica y económica. Aunque las empresas son vendedoras de sus propios productos, son, a su vez, compradoras de los de otras. En la medida que la política de la competencia garantiza la formación competitiva de los precios, protege tanto a los consumidores como a las empresas mismas de comportamientos anticompetitivos (Perrot, 2003).

     En este contexto, no cabe esgrimir la competencia perfecta como competencia óptima. Ello sería una simplificación idílica del mercado, muy superada por la realidad1 . Las empresas tienden a imponerse a sus rivales mediante costes y precios más bajos, y mediante innovaciones que permiten incrementar cuota y poder de mercado. Una política de competencia que tenga por objetivo lograr un riguroso orden competitivo debilitaría a las empresas más eficientes. Existen fuertes economías de escala, costes irrecuperables que dificultan la entrada en el mercado, información asimétrica, aceleración en los procesos de innovación, imperfecciones todas ellas que conducen a la concentración y al otorgamiento de derechos exclusivos, como los derechos de propiedad. Ello sitúa a la polí- tica de competencia ante importantes contradicciones derivadas del hecho de que, a mayor concentración, mayor eficiencia económica; sin embargo, la concentración difumina la competencia y disminuye sus ventajas (Faugére, 1999).

     La política de competencia y la de crecimiento están especialmente ligadas a través de la innovación. Sobre el particular, se han realizado dos tipos de planteamientos. En primer lugar, se encuentran aquellos basados en los trabajos de Schumpeter (1943), quien, aunque es partidario de la competencia para favorecer la innovación, cree positiva la existencia de un cierto poder de mercado. Es decir, la existencia misma de mercados muy concentrados e incluso estructuras de monopolio facilita el desarrollo de la innovación, puesto que en ellos la competencia es menor, se preservan mejor las rentas ligadas a la innovación, y se recuperan más fácilmente los costes de la inversión. En ese sentido, la concentración por esta vía contribuye al crecimiento. Siguiendo el argumento, el tamaño de la empresa también tiene efectos positivos sobre la innovación, debido a que, al ser los costes de I+D fijos, la investigación es una actividad de rendimientos crecientes e inciertos. Por ello, resulta más sencillo cubrirlos en las sociedades más grandes2 .

    Otro tipo de trabajos van más allá del planteamiento schumpeteriano (Aghion, Bloom, Blundell, Griffith & Howitt, 2003), incidiendo en que la innovación se desarrolla más fácilmente en los entornos competitivos. Así, las empresas sacrifican beneficios actuales para invertir en innovación esperando que los resultados futuros permitan adquirir o preservar ventajas sobre sus rivales en el mercado. En ese marco, el coste de oportunidad de la no innovación sería muy elevado para los que no investigan. Por esta vía, no solo se da una mejor asignación de los recursos, se logra también ampliar la gama de productos a los consumidores, e incluso seleccionar las empresas más competitivas (Gallini & Trebilcok, 1998; Perrot, 2003).

     Los estudios empíricos corroboran la importancia de la rivalidad para la innovación (Blundell, Griffith & Van Reenen, 1995; Griffith, Huergo, Mairesse & Peters, 2006). De igual modo, señalan que la innovación se incrementa con el mayor tamaño de la empresa y que la relación entre intensidad de la competencia e innovación resulta positiva (Mohnen, Dagenais & Mairesse, 2006). Asimismo, se ha comprobado que las normativas que suponen barreras de entrada a otros competidores en los mercados frenan la difusión de la innovación y alejan a los países de la frontera tecnológica (Djankov, La Porta, Lopez-de-Silanes & Shleifer, 2002). En paralelo, los lazos entre política de la competencia e innovación tocan también al tratamiento de la evolución dinámica de los mercados por la política de la competencia: privilegiar el corto plazo, imponiendo «estándares de competencia» muy elevados hoy, puede desanimar la entrada de nuevos actores sobre el mercado (que ven allí menos perspectivas de beneficio) y reducir la intensidad competitiva mañana

                           EVALUACION METODO CARS-HARRIS:


REFERENCIA

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